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¿Usted tiene una vacuna contra el coronavirus?

Hace poco, el televangelista estadounidense Jim Bakker entrevistó a Sherrill Sellman, una “doctora naturista” que explicó las extraordinarias propiedades de Silver Solution, la Solución Plateada que el predicador ofrece a través de la página de internet del Jim Bakker Show.
“Bueno… no ha sido probada en esta cepa del coronavirus”, respondió Sellman, “pero sí se ha probado en otras cepas del coronavirus y en doce horas lo eliminó totalmente, lo mató, lo desactivó y fortaleció el sistema inmune del paciente, ayudando así a su recuperación”.

En todo caso, si la propuesta de Bakker y Sellman es de su interés, puede ordenar un paquete con dos botellas del líquido que, además, incluye como bono especial, dos tubos de gel con la Solución Plateada. Todo esto a cambio de una “donación” de cien dólares. Pero eso no es todo. Bakker le suele recordar a su audiencia que su poción cura todas (¡todas!) las enfermedades venéreas. “Es un milagro en un tubo”, dice con entusiasmo, “es como si Dios lo hubiese creado en el cielo para ayudarnos”.

¿Qué le hace pensar a Bakker que su sospechoso líquido plateado va a encontrar compradores? La respuesta es fácil: ya los encontró. El predicador ha tenido una larga y lucrativa carrera apostándole a los incautos, los ingenuos y a los desesperados. En los años ochenta, llegó a ser uno de los evangelistas más conocidos de Estados Unidos. Contaba con millones de seguidores, que cada año donaban cientos de millones de dólares a su iglesia. Esa exitosa etapa en la carrera del charlatán terminó con un escándalo sexual y financiero que le valió una larga condena en prisión.

Al anunciar la sentencia, el juez Robert Potter dijo: “Aquellos de nosotros que tenemos una religión estamos hartos de ser víctimas de codiciosos predicadores que solo quieren nuestro dinero”. En esto el juez Potter se equivocó. Los actuales seguidores de Bakker no parecen estar hartos de sus predicas. Tan pronto salió de la cárcel, Bakker fundó otra iglesia y continuó predicando los mensajes de dios y vendiendo productos a creyentes que evidentemente no están hartos de sus promesas.

Los charlatanes siempre nos sorprenden con la audacia de sus mentiras, pero mucho más sorprendente es que, en la práctica, siempre logran conseguir a incautos que les creen. Es fácil suponer que las victimas más vulnerables de los charlatanes y los estafadores suelen ser personas ingenuas y desinformadas. Pero no es así.

No se puede tildar de incautos o desinformados a los exsecretarios de estado de EE. UU. Henry Kissinger y George Schultz o a los exjefes del pentágono Bill Perry y el general Jim Mattis, o al empresario Rupert Murdoch.

Estos son solo algunos de los notables que fueron persuadidos por Elizabeth Holmes, una joven de 19 años, de invertir en su nueva empresa, Theranos. Según ella, la empresa revolucionaria la manera de hacer exámenes sanguíneos y llenaría de ganancias a sus accionistas.

Mientras Jim Bakker se apoya en presuntos mensajes divinos para persuadir a sus seguidores, Elizabeth Holmes utilizó la codicia. Cuando un periodista le preguntó al general Jim Mattis qué palabras le venían a la mente al pensar en Holmes, el curtido militar respondió: “integridad”, “competencia”… “Ella es una revolucionaria en todo el sentido de la palabra”. Holmes recaudó 700 millones de dólares en una ronda inicial de inversionistas que luego siguieron inyectándole capital hasta llevar el valor de la empresa a diez mil millones de dólares.

Era todo mentira. Holmes no tenía la tecnología que decía tener y mantuvo Theranos a flote por más de una década mintiéndoles a inversionistas, clientes, empleados, organismos gubernamentales y periodistas. Holmes perdió todo y enfrenta varios juicios que la pueden llevar a la cárcel.

El otro ejemplo icónico de un charlatán que usó la codicia de sus clientes para estafarlos es Bernard Madoff, quien ofrecía suculentos retornos a quienes le confiaban sus ahorros. Al ser descubierto, Madoff tuvo que pagar una multa de más de 17.000 millones de dólares y está cumpliendo una sentencia de 150 años de cárcel.

Pero ni los charlatanes religiosos ni los financieros son los más peligrosos. Son los charlatanes políticos que llegan al poder estafando sus votantes con promesas incumplibles, diagnósticos falsos y políticas que terminan por hacernos daño a todos. Estamos viviendo una época de oro para los charlatanes que, ayudados por internet, les dicen a sociedades confundidas y ansiosas lo que quieren oír. Sabemos que estamos pasando por una era de cambios turbulentos –del clima, el trabajo, la economía, la política, los valores, la seguridad–.

Los charlatanes les ofrecen a sus seguidores un mundo más seguro y predecible y en el cual estarán protegidos de los extranjeros, los diferentes y de quienes piensan distinto. En este sentido los seguidores que les dan poder a los charlatanes nos hacen a todos más daño que los charlatanes mismos.