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Una receta innovadora contra la corrupción

Alejandro Tarre

A finales de mayo más de 60.000 personas protestaron en las calles de Guatemala por casos de corrupción que involucran a la cúpula de gobierno. Poco antes en Brasil, durante un discurso televisado de la presidenta Dilma Rousseff, miles de brasileños la abuchearon y tocaron cacerolas. El motivo: la corrupción que ha corroído a la petrolera estatal Petrobras. En Chile, México, Panamá, Honduras, Perú, Venezuela y Argentina, escándalos de corrupción copan o han copado recientemente las primeras planas.

La corrupción sigue siendo una plaga para la región. Y sus múltiples manifestaciones hacen difícil combatirla. Sin embargo, avances tecnológicos en identificación biométrica podrían reducir efectivamente, si no erradicar, ciertos tipos de corrupción. Estas innovaciones no son tan glamorosas y publicitadas como las de Apple y Google. Pero en la lucha anticorrupción, así como en otros ámbitos, podrían tener grandísimas repercusiones. De hecho, estos sistemas podrían cambiar el mundo.

La identificación biométrica no es algo nuevo. Siempre hemos utilizado los rasgos únicos que cada individuo posee para identificarnos unos a otros. Lo nuevo no es el concepto sino la tecnología. Ahora contamos con dispositivos más baratos y fáciles de usar para medir y reconocer con milimétrica precisión huellas dactilares, iris del ojo, frecuencias de la voz, y las formas del rostro. También contamos con sistemas digitales más sofisticados para almacenar estos datos.

Cada mes los beneficiarios van a un cajero automático, ponen su dedo en el lector, y reciben su pensión

Piensen en una de las principales funciones de los gobiernos: proveer bienes y servicios a sus ciudadanos. El desorden, la ineficiencia y la corrupción caracteriza a los órganos encargados de estas labores. Se erigen burocracias inútiles o disfuncionales para distribuir subsidios o ayudas. Políticos locales cobran comisiones por la entrega de becas y dinero en efectivo o simplemente se quedan ellos mismos con los recursos. Las triquiñuelas para abusar del sistema son infinitas. Y el desperdicio es enorme. Un estudio calculó que el 40% de los subsidios y el gasto social de un período de cinco años en India nunca llegaría a los destinatarios.

La buena noticia es que los sistemas de identificación biométrica pueden ayudar a solucionar este problema. Y no castigando o tratando de corregir las flaquezas morales del hombre, que siempre van a existir, sino simplemente reduciendo o eliminando los espacios donde los individuos son más proclives a dejarse arrastrar por sus peores instintos. Modificar un sistema puede ser mucho más fácil y eficaz que luchar contra la naturaleza humana.

Un ejemplo que ilustra el potencial de esta idea es el innovador pago de pensiones en Sudáfrica. El gobierno tomó las huellas dactilares de los beneficiarios, hizo un registro digital y luego instaló cajeros automáticos que pueden leer las huellas. Cada mes los beneficiarios van a un cajero automático, ponen su dedo en el lector, y reciben su pensión. El sistema elimina intermediarios y burocracias ineficientes. Y el pago directo a cada persona cierra muchas ventanas de oportunidad a los corruptos.

La identificación biométrica sirve para combatir otro problema: los trabajadores fantasmas, personas que cobran un sueldo sin trabajar. Policías, maestros y burócratas ficticios abultan las nóminas públicas de muchos países. Funcionarios corruptos los incorporan a cambio de una comisión o un porcentaje del sueldo. Una auditoría reciente en Nigeria determinó que de los 337.000 policías en la nómina pública 107.000 eran trabajadores fantasmas. Obviamente, un sistema de identificación biométrica, que impide las inscripciones dobles, el pago a fallecidos o niños, y deja un registro digital de cualquier intento de fraude, hace más difícil la trampa.

La identificación biométrica sirve para combatir otro problema: los trabajadores fantasmas, personas que cobran un sueldo sin trabajar.

Pero los beneficios de la identificación biométrica van mucho más allá de la lucha contra la corrupción. Alrededor del 40% de los niños en los países en desarrollo no tienen un certificado de nacimiento — cuatro millones de niños en América Latina. Esta personas no existen formalmente porque están excluidos de los puntos de contacto entre el Estado y la ciudadanía. No se puede votar en una elección sin un documento identidad. Tampoco se puede abrir una cuenta bancaria, pedir un crédito, sacar una licencia o acceder a los sistemas de salud y educación pública. La identificación biométrica ofrece una manera rápida y eficaz de convertir en verdaderos ciudadanos a millones de excluidos.

India está a la vanguardia de esta revolución. El país tiene el sistema de identificación biométrica más grande del mundo, que ya cubre a 850 millones de personas. Para muchos indios antes excluidos esto podría traducirse pronto en acceso a los derechos, servicios, bienes y ayudas que les corresponden como ciudadanos. También significa que India podrá infligir duros golpes a la corrupción.

La identificación biométrica conlleva riesgos. El mismo sistema que puede hacer a los gobiernos más transparentes puede ser utilizado para la vigilancia masiva o la discriminación. Las leyes de protección de la privacidad se deben adaptar a estos avances tecnológicos. Pero es un error ignorar las increíbles oportunidades que ofrece la identificación biométrica. Mejor es aprovecharlas mientras se encuentran maneras de cerrarle el paso a los peligros.

Recientemente, Moisés Naím entrevistó a la experta en corrupción Sara Chayes, quien aseguró que “la corrupción amenaza a la seguridad global”

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