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La película donde todos mueren

Christian Poveda con "El Bambam", Little One & Cesarito

Por Oscar Medina / @oscarmedina1 

Fueron cuatro los disparos. Otras versiones hablan de dos. A corta distancia. Y en el rostro: así acabó la vida de Christian Poveda. Su cuerpo tirado al borde de una carretera salvadoreña.

Cinco años han pasado: Poveda fue asesinado el 2 de septiembre de 2009. Y lo mataron justamente esos por quienes tanto luchó. Para entender este asunto hay que ver el documental La vida loca. Realizado y producido por Poveda, es un retrato directo, íntimo y espeluznante sobre la vida de varios miembros de una de las pandillas que durante años ha protagonizado el sangriento mundillo criminal de El Salvador: Barrio 18, la banda rival de la Mara 13.

Eso que desde afuera conocemos como la Mara Salvatrucha.

En su libro CeroCeroCero, el italiano Roberto Saviano dibuja la historia de Poveda y ubica a las maras como parte del engranaje global del crimen y el narcotráfico.

“De El Salvador, durante la guerra, han huido a Estados Unidos miles de chiquillos sin familia, con padres asesinados o madres que preferían tenerlos lejos y a salvo antes que en peligro y en la miseria en una tierra que la guerra civil estaba masacrando. También escapan desertores y ex guerrilleros. Es así como nacen las maras, las bandas salvadoreñas que toman como modelo a todas las demás bandas de Los Ángeles, afroamericanas, asiáticas y mexicanas. Son ellas las nuevas familias de los chicos de El Salvador que se forman y crecen en las calles californianas. En su origen son bandas de autodefensa para protegerse de las otras bandas que la toman con los nuevos inmigrantes. Muchos de los que forman las bandas recogiendo a chiquillos y adolescentes son personas que vienen de la guerrilla, o bien han sido paramilitares: no es de extrañar que la estructura de estas bandas y su modo de actuar recuerden a los métodos militares. Muy pronto las bandas mexicanas son derrotadas, y poco después las bandas salvadoreñas se escinden en dos grandes familias de mareros, que se diferencian por la calle que ocupan: la Mara 13 (es decir, de la calle Trece), más conocida como Mara Salvatrucha, y la Mara 18 (de la calle Dieciocho), nacida de una rama disidente”.

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Al finalizar la guerra civil –en 1992- y pese a la crítica situación socioeconómica del país, muchos de los emigrados ven el momento de regresar a la patria. Y otros, pandilleros pasados por cárceles estadounidenses, son enviados a la fuerza. Hoy, sigue Saviano, las maras operan como trasnacional con presencia en Estados Unidos, México, toda Centroamérica, en Europa y hasta en Filipinas.

Y, además, tal como hemos visto recientemente ahora son ellas las que empujan a los niños a emigrar.

Poveda, reportero y fotógrafo devenido documentalista, nació en Argel en 1955. Sus padres se lo llevaron a Francia cuando tenía 6 años huyendo de la guerra. Cámara en mano, se dedicó apenas pudo a registrar imágenes en zonas de conflicto: Sierra Leona, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, El Líbano… A finales de 2004 volvió a El Salvador y contactó a algunos líderes mareros que aceptaron su propuesta de posar para una serie de retratos y entrevistas. Dos años más tarde dejó su residencia en París para instalarse en San Salvador a trabajar en el documental, pero solo pudo convencer a los pandilleros de la 18 y fueron ellos, en definitiva, los protagonistas del video.

Dieciséis meses pasó Poveda haciendo el registro de las vidas de un grupo de jóvenes miembros de la pandilla. Fue mucho lo que vio y compartió. Y decidió contar la cotidianidad de esta gente no como un mero asunto de criminales desadaptados, sino como lo que son: la consecuencia de enormes problemas sociales, la respuesta que surge desde la pobreza y la marginación, los representantes de una realidad que los hace ser víctimas y victimarios.

En un trabajo para la revista Gatopardo, el reportero Roberto Valencia recuerda la respuesta de Christian Poveda cuando alguna vez le preguntó por qué el esfuerzo por adentrarse en ese mundo: “Porque a mí me interesa el trabajo sobre la marginación social. Y las maras son un ejemplo universal para demostrar los efectos que generan la marginación y las malas políticas sociales”.

Pero no es fácil salir bien librado una vez que te adentras a lo profundo del mal. Poveda hizo acuerdos con los mareros y no siempre pudo cumplir: que contaría la historia de sus intentos de superación –lo hizo, pero en el camino unos murieron y otros fueron detenidos- y que el documental –presentado en el Festival de San Sebastián en 2008- no se exhibiría en el país para evitarle problemas a los miembros de Barrio 18. Al momento de su asesinato, ya circulaban copias piratas por San Salvador.

Y aquí arrancan las conjeturas: si era tan amigo de algunos pandilleros y se empeñó en entenderlos y ayudarlos, ¿por qué lo mataron?

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Poveda estaba por aquellos días -2009- haciendo de intermediario entre las pandillas y una periodista de la revista francesa Elle que quería contactar a mujeres pandilleras. Para entonces ya Poveda estaba sentenciado. La orden de asesinarlo la dio desde la cárcel un viejo conocido suyo: Nelson Lazo Rivera, alias El Molleja, a quien había fotografiado en su primera aproximación a las maras. ¿Por qué?

No hay una sino varias respuestas: los pandilleros se sintieron utilizados por Poveda cuando el documental alcanzó cierto grado de notoriedad. No se vieron muy bien retratados porque esperaban algo más complaciente. Y tampoco eran los amigos de Poveda quienes estaban al mando entonces. Pero además, un ex policía llamado Juan Napoleón Espinoza, vinculado a la 18, sembró la especie –dicen que borracho- de que Poveda era informante de las autoridades y eso no podía ser perdonado.

Otra explicación simplifica las cosas: así son los criminales, la naturaleza del alacrán.

Volvamos a Saviano, tan condenado como Poveda por otro poder: “No logro imaginarme sus últimos segundos. Lo he intentado. ¿Al menos por un instante Christian habrá sabido que era una trampa? ¿Habrá tratado de defenderse, de explicar que matarlo era injusto? ¿O le habrán disparado en la nuca como unos cobardes? Un instante. Habrán hecho ademán de bajar del coche y en el momento en que accionaba la palanca para abrir la puerta le habrán disparado. No lo sé, ni lo sabré nunca. Pero no consigo dejar de hacerme esas preguntas”.

El cuerpo de Chistian Poveda fue encontrado, junto a su camioneta, entre Soyapango y Tonacateque, al norte de San Salvador. En 2011 la justicia salvadoreña condenó a 10 pandilleros de la 18 y al ex policía por organizar y ejecutar el homicidio.

La vida loca se vendió en las calles de la ciudad como “la película que le costó la vida a Christian Poveda”. Durante su realización murieron muchos de sus protagonistas. Y a estas alturas -quién sabe- ya habrán muerto los otros.

Costó una vida: ¿usted la ha visto?

 

 

 

 

 

 

 

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