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La comida de los dictadores: un libro

Kim Il-sung –no podía ser de otra manera- despunta en extravagancia: cada grano de arroz que comía era seleccionado de forma individual y creó, además, un instituto cuyo propósito era prolongar su vida. Victoria Clark y Melissa Scott hicieron una laboriosa investigación sobre las costumbres en la mesa de algunos de los más despiadados dictadores de la historia contemporánea. Tito, el mandamás yugoslavo, deliraba por un buen trozo de grasa de cerdo caliente. Hitler tuvo que convertirse en vegetariano para controlar su flatulencia, pero solía contar detalles de sus crímenes en comidas con sus subalternos. Más sorpresas en BBC Mundo

 

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