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El Starbucks de la CIA

Al servir el café los empleados no pueden escribir los nombres de los clientes en los vasos como en cualquier otro local: esta gente no puede revelar sus identidades verdaderas ni siquiera ante otros compañeros de trabajo. Así son las cosas en el Starbucks de la CIA: un establecimiento en el que se habla de grandes operaciones de espionaje, los baristas tienen que pasar un riguroso procedimiento de control y los agentes dan rienda suelta a su adicción a la cafeína sin tener que salir del espacio seguro de la central de inteligencia. Un paseo por el lugar con The Washington Post

 

 

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