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El Big Data y la reinvención de los gobiernos

Aficionado a la ciencia ficción, de joven, casi de niño digamos, tuvo un sueño: “Cuando sea grande quiero salvar el mundo entendiendo cómo pasan las cosas y haciendo pequeños cambios para que todo no se desintegre”. Eso contó Alex Pentland en su estupenda entrevista para Efecto Naím. Y esta suerte de inspiración tiene un origen: los libros de La Saga de la Fundación, de Isaac Asimov. “Hay un personaje ficticio que se llama Hari Seldon que logra salvar el Imperio Galáctico porque entendía cómo las ideas y los comportamientos se regaban por el imperio y podía influenciar las cosas un poquito para que el imperio no se desintegrara”.

Alex “Sandy” Pentland es hoy casi un personaje de ciencia ficción. O, en todo caso, es un hacedor de ciencia que parece ficción. Es director del MIT Media Lab, fundador de empresas en el área de la ingeniería organizacional y aplicación de la informática en las ciencias sociales. De alguna manera, también es un inventor. Entrevistado por Moisés Naím enumeró algunas de sus creaciones: “Yo construí el primer sistema de reconocimiento facial, el primer sistema para leer la lengua de señas, los primeros autos semi-automáticos”.

Y luego, empujado por otros campos de interés se convirtió en pionero –y autoridad indiscutible- de eso que conocemos hoy como el Big Data: “Cuando empecé a estudiar a grupos de personas y era más experimentado y empecé a formar parte de juntas directivas, descubrí que la gente no sabe cómo trabajar en equipo. Las juntas directivas, las empresas, los gobiernos son terribles en eso, y debería haber una ciencia que nos ayude a entender cómo podemos trabajar juntos. Esa necesidad me llevó a mirar las maneras en que la gente interactúa, cómo los grupos de personas pueden trabajar juntos y cómo podemos lograr que grupos de personas tomen mejores decisiones más rápidamente y de manera más acertada”.

Una forma más o menos sencilla de entender este asunto la encontramos en las propias palabras de Pentland: pentlandnota1“Big Data, o grandes datos, es un mal nombre para todo eso. Realmente se trata de datos con un grano muy fino acerca de las personas. De verdad que es grande, es la información que obtenemos de los celulares, tarjetas de crédito… son las migajas que la gente va dejando por el mundo y como toda la vida se está haciendo más digitalizada, dejamos registros y hay más y más datos sobre la gente, todo el tiempo, en todas partes”.

Recoger esas “migajas” de información y procesarlas permite construir teorías cuantitativas sobre el comportamiento humano. Y eso no es cualquier cosa: “Hemos tenido ciencias sociales por dos siglos. Una de las primeras fue bautizada física social. Intentaba explicar la sociedad del mismo modo en que la física lograba explicar la naturaleza, pero no funcionó porque no tenían los datos. Ahora tenemos los datos y las matemáticas, para mirar todos los trucos psicológicos y los efectos sociales y proponer una teoría que realmente los explique todos. Y la sorpresa es que la respuesta no es muy distinta de la que hace doscientos años lograron los padres de la sociología. Se trata del flujo de las ideas: cómo las ideas se propagan de persona a persona, cómo la gente aprende y por tanto, cómo la sociedad cambia. Cómo las compañías crean una cultura que permite que las personas trabajen en equipo. Pero también resulta muy útil que a una idea simple le apliques rigor matemático: puede ayudar a predecir cómo diseñar mejor las ciudades y ser más productivos, cómo diseñar vecindarios para que tengan una tasa menor de criminalidad, cómo hacer empresas más creativas. Es una herramienta muy poderosa”.

Entender el flujo de las ideas en una sociedad o en una empresa, bien utilizado, es comprender un mecanismo fundamental: “Es lo que mueve la creatividad, el Producto Interno Bruto, la productividad”. Y en consecuencia debería conducir a proponer respuestas acertadas a la gran interrogante de cómo es que la gente puede trabajar en equipo de manera efectiva para tomar las mejores decisiones.

Y al hablar de “la gente”, la propuesta incluye a las ciudades y a los gobiernos: “Yo espero que la idea de la pentlandnota3Física Social tenga el mayor impacto porque me parece que es realmente la primera teoría cuantitativa de cómo las personas trabajan juntas, de cómo las empresas o las ciudades se desarrollan. Por ejemplo, logramos encontrar la relación entre el Producto Interno Bruto de las ciudades y la manera en que las ideas fluyen de persona a persona. Entonces no son las clases sociales de Karl Marx, ni la especialización de Adam Smith… son simplemente ideas estrellándose unas contra otras”.

Las aplicaciones prácticas ya se han visto. Pentland citó casos en los que ha sido posible disminuir índices de criminalidad y hasta anticipar potenciales epidemias. Y el trabajo continúa: “Seguimos pensando en maneras de ayudar a la gente a proteger sus datos, incrementar el flujo de ideas dentro de las ciudades y culturas, ya que esa es la fuente de la producción y la creatividad. Pero también estamos mirando las maneras de organizar gobiernos, empresas y ese tipo de organizaciones para tomar mejores decisiones en el mundo real. Entonces lo que realmente estamos tratando de hacer es reinventar el gobierno de manera fundamental”.

One Response to El Big Data y la reinvención de los gobiernos

  1. Toni R Barrios dice:

    Que bueno es saber que hallan personas “cientificos serios”de Buena voluntad trabajando en esa direccion la ciencia, en accion y el amor por la gente tranformara la vida y el mundo que Dios bendiga estas acciones y sus consecuencias.

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